Burnham no reconoce la dialéctica, pero la dialéctica
no le deja escape. Está tan cogido como una mosca en una telaraña.
Ha hecho a Schatman un daño irreparable. ¡Qué lección
sobre las alianzas sin fundamento! Y pobre Abern. Hace cuatro años,
encontró protector para su pandilla en la persona del Gran Papa
Muste y su acólito, Spector. Ahora repite la experiencia con el
católico secularizado de Burnham y su monaguillo, Schatman... En
los buenos y viejos tiempos teníamos que esperar años, a
veces décadas, para que se cumpliese un pronóstico. Ahora,
el ritmo de los acontecimientos es tan rápido que las verificaciones
nos sorprendan de un día para otro. ¡Pobre Schatman!
Con mis mejores deseos,
Leon Trotsky
Coyoacan, D. F.