La discusión en el SWP americano
ha sido transparente y democrática. Los preparativos del congreso
se han hecho con toda lealtad. La minoría ha participado en el congreso,
reconociendo, por lo tanto, su legalidad y autoridad. La mayoría
ha ofrecido a la minoría todas las garantías necesarias de
que va a poder seguir defendiendo sus propios puntos de vista tras el congreso.
La minoría ha pedido permiso para dirigirse a las masas por encima
de la dirección del partido. Naturalmente, la mayoría ha
rechazado esta pretensión tan monstruosa. Mientras tanto, a espaldas
del partido, la minoría, mediante maquinaciones en la sombra, se
ha apoderado del New International, que se venía publicando gracias
a los esfuerzos de todo el partido y de la IV Internacional. He de añadir
que la mayoría estaba de acuerdo con dar dos puestos de los cinco
del equipo editorial de su órgano teórico a la minoría.
Pero, ¿cómo puede una "aristocracia" intelectual ser la minoría
de un partido obrero? Situar a un profesor al nivel de un obrero es, después
de todo... "¡conservadurismo burocrático! ".En un artículo
polémico reciente, contra mí, Burnham explicaba que el socialismo
es un "ideal moral". Esto no es tan nuevo. A principios del siglo pasado,
la moralidad sirvió de base al "verdadero socialismo alemán",
que Marx y Engels siempre criticaron. A principios de este siglo, los social-revolucionarios
rusos contrapusieron el "ideal moral" al socialismo materialista. Aunque
hay que reconocer que estos paladines de la moralidad se convirtieron en
delincuentes comunes en el campo de la política. En 1917 traicionaron
a los trabajadores, poniéndoles en manos de la burguesía
y del imperialismo extranjero.
Una larga experiencia política
me ha enseñado que, cuando un profesor o un periodista pequeñoburgueses
empiezan a hablar de elevados standares morales, lo mejor es agarrar bien
fuerte la cartera. También ha ocurrido esta vez. En nombre de un
"ideal moral", un intelectual pequeñoburgués le ha birlado
al partido el poder sobre su propio órgano teórico. Aquí
tenéis un pequeño ejemplo vivo de los métodos organizativos
de estos moralistas innovadores y campeones de la democracia.
¿Qué es la democracia
del partido para un pequeñoburgués "educado"? Un régimen
que le permita decir y escribir todo lo que se le ocurra. ¿Qué
es "burocratismo" para un pequeñoburgués "educado"? Un régimen
en el que la mayoría proletaria impone, por métodos democráticos,
sus decisiones y la disciplina. ¡Trabajadores, grabaros esto en la
mente!
La minoría pequeñoburguesa
del SWP se escindió de la mayoría proletaria sobre la base
de una lucha contra el marxismo revolucionario. Burnham proclamó
que el materialismo dialéctico era incompatible con su apolillada
"ciencia". Schatman proclamó que el marxismo revolucionario no tenía
nada que ver con las "cuestiones prácticas". Abern se apresuró
a unirse al bloque antimarxista. Y ahora, esos caballeros anuncian la revista
que le han birlado al partido como "órgano del marxismo revolucionario".
¿Qué es esto, sino charlatanería ideológica?
Los lectores pedirán a los editores que publiquen el trabajo programático
que ha servido de base a la minoría, es decir, "Ciencia y estilo",
de Burnham. Si los editores no quieren emular a los estafadores que dan
mercancía estropeada bajo brillantes etiquetas, no les quedará
más remedio que publicarlo. Y entonces podrá ver todo el
mundo la clase de "marxismo revolucionario" que hay ahí. Pero no
lo harán. Les da vergüenza mostrar su verdadera cara. Burnham
está ocupadísimo escondiendo en su caja fuerte sus artículos
demasiado comprometedores, y Schatman se dispone a servir de portavoz para
las ideas de cualquiera, puesto que no las tiene propias.
Los primeros artículos "programáticos"
de la revista robada revelan ya la falta de sentido y la falsedad de este
grupo antimarxista que se autodenomina "Tercer Campo". ¿Qué
es ese animal? Existe el campo del capitalismo y el campo del proletariado.
¿Y existe, tal vez, un tercer campo, un santuario pequeñoburgués?
Naturalmente, se trata sólo de eso. Pero, como siempre, los pequeñoburgueses
adornan su "campo" con las flores de papel de la retórica. Prestemos
oído. Tenemos, por un lado, a Francia e Inglaterra. Por otro, a
Hitler y Stalin. Y en el tercer "campo", a Burnham y Schatman. La IV Internacional
está, para ellos, en el campo de Hitler (Stalin se dio cuenta de
ello hace ya mucho). Por lo tanto, hace falta un nuevo "slogan": "¡Liantes
y pacifistas de todo el mundo, todos los que sufren los alfilerazos del
destino, corred al tercer campo! "
Pero el problema principal es que
los dos campos en guerra no abarcan todo el orbe burgués. ¿Dónde
metemos a los neutrales o semineutrales? ¿Y a los EE.UU.? ¿Y
a Italia y Japón? ¿Y los países escandinavos, India
o China? Pensad no en los trabajadores revolucionarios indios o chinos,
sino en China o India como países oprimidos. El bonito esquema de
los "tres campos" olvida un pequeño detalle; el mundo colonial,
¡la mayor parte de la Humanidad!
India participa en la guerra imperialista
al lado de Inglaterra. ¿Quiere decir esto que nuestra actitud hacia
la India -no hacia los bolcheviques indios, sino hacia el país-
deba de ser la misma que hacia Inglaterra? Si no existen en el mundo, aparte
de Burnham y Schatman, más que dos campos imperialistas, ¿dónde
metemos a la India? Un marxista dirá que, a pesar de que la India
sea parte del Imperio Británico y participe en la guerra imperialista;
a pesar de la pérfida actitud de Gandhi y otros líderes nacionalistas,
nuestra actitud hacia la India debe ser diferente de nuestra actitud hacia
Inglaterra. Defendemos a la India contra Inglaterra. ¿Por qué
no podemos mantener actitudes diferentes frente a Rusia y Alemania, a pesar
de que Stalin esté aliado con Hitler? ¿Por qué no
podemos defender las formas sociales más progresistas, capaces de
desarrollo, contra las más reaccionarias, que sólo pueden
descomponerse en el futuro? ¡No sólo podemos, sino que debemos
hacerlo! Los teóricos de la revista robada reemplazan el análisis
de clase por un mecanicismo muy atractivo para los pequeñoburgueses
a causa de su seudo-simetría. Lo mismo que los stalinistas camuflan
su servidumbre al nacional-socialismo (los nazis) con grandes insultos
a las democracias imperialistas, Schatman y compañía ocultan
su capitulación a la opinión pública pequeñoburguesa
americana con la pomposa fraseología del "tercer campo" (¿qué
es eso: un partido, un club, una Liga de las Esperanzas Perdidas, un Frente
Popular?). ¡Cómo si ese "tercer campo" no tuviera la obligación
de tener una política correcta respecto a la pequeña burguesía,
los sindicatos, India y la URSS!
El otro día Schatman se ha
autodefinido en la prensa como "trotskysta". Si eso es trotskysmo, yo no
soy trotskysta. No tengo nada en común con las ideas actuales de
Schatman, y ni que decir tiene con las de Burnham. Colaboré activamente
en el New International, protestando por el frívolo artículo
de Schatman sobre teoría y sus concesiones a Burnham, el estúpido
pedante pequeñoburgués. Pero, en aquella época, el
partido y la Internacional tenían a raya a Schatman y a Burnham.
Después, la presión pequeñoburguesa los desató.
Mi actitud ante la nueva revista no puede ser otra que la que he mantenido
siempre ante todas las falsificaciones pequeñoburguesas del marxismo.
Y su "moralidad" política y sus "métodos organizativos" no
me inspiran sino desprecio.
Si agentes del enemigo de clase
hubiesen obrado conscientemente a través de Schatman, le habrían
aconsejado hacer exactamente lo que ha hecho. Se ha unido a los antimarxistas
para luchar contra el marxismo. Ha ayudado a construir una fracción
pequeñoburguesa en contra de los trabajadores. Se ha negado a utilizar
la democracia del partido para hacer un esfuerzo honrado por convencer
a la mayoría proletaria. Ha provocado una escisión en plena
guerra mundial. Y lo corona todo con un sucio escándalo, que parece
hecho a medida para proveer de munición a nuestros enemigos. ¡Así
son esos "demócratas moralistas"!
Pero todo esto no les servirá
de nada. Están en bancarrota. A pesar de las traiciones de todos
los intelectuales inestables y de todos los chistes baratos de sus primos
demócratas, la IV Internacional avanza segura por su camino, creando
y educando a una selección de auténticos revolucionarios
proletarios, capaces de entender lo que es el partido, la lealtad a su
bandera y la disciplina revolucionaria.
¡Trabajadores! ¡No pongáis
ninguna confianza en el "tercer campo" de los pequeñoburgueses!
23 de abril de 1940.