Querido amigo:
En el artículo que he enviado
a Wright para traducirlo no menciono en absoluto dos asuntos:
Primero, el conservadurismo burocrático.
Quisiera discutir un poco con usted sobre ello. El conservadurismo burocrático,
como tendencia política, representa los intereses materiales de
un determinado estrato social, el de la privilegiada burocracia obrera
en el capitalismo, especialmente en los regímenes imperialistas
y en medida incomparablemente mayor en la URSS. Sería fantástico,
por no decir estúpido, pretender que el "conservadurismo burocrático"
de la mayoría tiene raíces de este tipo. Por lo tanto, ya
que en este caso el conservadurismo y el burocratismo no tienen un origen
social, deben basarse en rasgos caracterol6gicos de algunos líderes.
A veces, pasan cosas así. Pero, ¿cómo explicar en
este caso la formación de una fracción? ¿Es una selección
de individuos conservadores? Tenemos, pues, una explicación psicológica,
no política. Si admitimos (y yo personalmente no lo admito) que
por ejemplo, Cannon tiene tendencias burocráticas, la mayoría
que lo apoya debe hacerlo, a pesar de ese rasgo de su carácter,
y no a causa de ello. Esto quiere decir que el problema de las bases sociales
del debate de fracciones todavía no ha sido abordado por los líderes
de la minoría.
Segundo, para comprometer mi "defensa"
de Cannon, dicen que defendí sin razón a
Molinier. Puedo
cometer faltas políticas y personales. Pero, a pesar de ello, el
argumento no es muy profundo. Nunca apoyé las falsas teorías
de Molinier. Se trataba simplemente de una cuestión de carácter;
brutalidad, falta de disciplina y sus negocios privados. Algunos camaradas,
entre ellos Vereecken, insistieron en la inmediata expulsión de
Molinier. Yo insistí en que era preferible que la organización
intentara someter a Molinier a la disciplina. Pero, cuando en 1934 Molinier
intentó sustituir el programa del partido por "cuatro slogans",
y sacó un trabajo sobre ello, yo estuve entre los que propusieron
la expulsión. Es una larga historia. Se puede ser de distinta opinión
sobre mi conducta con Molinier, pero me guiaba, naturalmente, por el interés
de la educación del partido y no por los intereses personales de
Molinier; algunas de nuestras secciones han heredado el veneno del Comintern,
y abusan de las expulsiones y las escisiones, o intentan hacerlo. En el
caso de Molinier y de algunos camaradas americanos (Field, Weisbord y algunos
otros) yo estaba a favor de una actitud más paciente. En algunos
casos he tenido razón, en otros me he equivocado. Pero no me arrepiento
en absoluto de haber adoptado siempre la actitud más paciente posible
hacia las figuras dudosas del movimiento. Nunca los "defendí" formando
un bloque o a costa de los principios. Si alguien propone, por ejemplo,
expulsar al camarada Burnham, me opondré enérgicamente. Pero,
al mismo tiempo, mantendré la necesidad de dirigir una lucha ideológica
sin cuartel contra sus concepciones antimarxistas.
Fraternalmente,
L.TROTSKY
Coyoacan, D. F.