Querido camarada Shachtman:
Recibí la transcripción
de su discurso del 15 de
octubre que me envió usted y la leí
con todo el interés que se merece. He encontrado un montón
de excelentes ideas y de formulaciones en completo acuerdo con nuestra
posición común, tal y como se expresa en los documentos fundamentales
de la IV Internacional. Pero lo que no pude encontrar es una explicación
de por qué ataca nuestra posición previa como "insuficiente,
inadecuada e inactual".
Dice usted: "Los acontecimientos,
que han resultado ser diferentes de nuestras hipótesis y predicciones
teóricas, han cambiado la situación". Pero desgraciadamente,
habla usted tan en abstracto de "los acontecimientos" que no soy capaz
de comprender cómo cambian la situación y cuáles pueden
ser las consecuencias de estos cambios para nuestra política. Usted
menciona algunos ejemplos del pasado. Así, "vimos y previmos la
degeneración de la III Internacional"; pero sólo después
de la victoria de Hitler consideramos necesario proclamar la IV Internacional.
El ejemplo no está formulado exactamente. Habíamos previsto
no sólo la degeneración de la III Internacional, sino también
la posibilidad de su regeneración. Sólo la experiencia alemana
de 1929-33 nos convenció de que el Comintern estaba podrido y nada
podría regenerarlo. Pero entonces cambiamos nuestra política
radicalmente: opusimos a la III la IV Internacional.
Pero no sacamos las mismas conclusiones
respecto al estado soviético. ¿Por qué? La III Internacional
era un partido una selección de personas en base a ideas y métodos.
Esta selección era tan opuesta al marxismo que tuvimos que abandonar
toda esperanza de regenerarla. Pero el estado soviético no es sólo
una selección ideológica, es un complejo de instituciones
sociales que persiste a pesar de que las ideas de la burocracia sean opuestas
a las de la Rev6lución de Octubre. Esta es la razón por la
que no renunciamos a regenerar el estado soviético mediante una
revolución política. ¿Cree usted que debernos cambiar
de actitud? Si no, y estoy seguro de que usted no quiere proponer eso,
¿dónde está el "cambio" fundamental que se ha producido
a raíz de los últimos acontecimientos?
Veo con satisfacción que
acepta usted el slogan "por una Ucrania soviética independiente".
Pero añade: "Yo siempre entendí nuestra posición básica
como opuesta a las tendencias separatistas en las Repúblicas Soviéticas
Federadas". Ve con respecto a esto "un cambio fundamental en nuestra política".
Pero: l) el slogan sobre Ucrania independiente se propuso antes del pacto
Hitler-Stalin; 2) este slogan es sólo una aplicación a una
cuestión nacional de nuestro slogan general de lucha contra la burocracia.
Podría usted decir con el mismo derecho: "Tal y como yo entiendo
nuestra posición básica, nos hemos opuesto siempre a todo
acto de rebelión contra el Gobierno soviético". Naturalmente,
pero cambiamos esta postura básica hace ya varios años. No
veo qué nuevo cambio propone usted ahora.
Cita usted la marcha del Ejército
Rojo en 1920 sobre Polonia y Georgia, y dice: "Ahora, si no ha cambiado
nada en la situación, ¿por qué la mayoría no
propone apoyar el avance del Ejército Rojo en Polonia, los países
bálticos o Finlandia?". En esta parte decisiva de su discurso, usted
establece que "algo ha cambiado" entre 1920 y 1939. ¡Claro, hombre!
La novedad es la situación de bancarrota de la III Internacional,
la degeneración del estado soviético, el desarrollo de la
oposición de izquierda, y la creación de la IV Internacional.
Los "acontecimientos concretos" han ocurrido precisamente entre 1920 y
1939. Y estos acontecimientos explican suficientemente por qué hemos
cambiado radicalmente nuestra postura hacia el Kremlin, incluyendo su política
militar.
Olvida usted que en 1920 apoyamos
no sólo al Ejército Rojo, sino también al GPU. Desde
nuestra concepción del estado, no existe diferencia radical entre
el Ejército Rojo y el GPU. Sus actividades están estrechamente
conectadas y son interdependientes. Podemos afirmar que en 1910 y los años
siguientes, apoyamos a la Cheka en su lucha contra los rusos contrarrevolucionarios
y los espías imperialistas, pero que, cuando en 1927 el GPU empezó
a arrestar, exiliar y perseguir a los auténticos bolcheviques, cambiamos
nuestra apreciación de esa institución. Este cambio se produjo
por los menos once años antes del pacto germano-soviético.
Por eso me ha asombrado profundamente que hable usted sarcásticamente
de "el rechazo de la mayoría a adoptar la misma postura que todos
tomamos en 1920...". Todos nosotros empezamos a cambiar de postura en 1923
avanzando poco a poco de acuerdo con los desarrollos objetivos. El punto
decisivo de la evolución fue 1933-34. ¡Si no somos capaces
de ver qué cambios fundamentales se han producido ahora y por qué
debemos cambiar nuestra política, según propone usted, no
significa que hayamos vuelto a 1920!
Insiste usted fundamentalmente en
la necesidad de abandonar el slogan de la defensa incondicional de la URSS,
porque usted interpretó en el pasado ese slogan como apoyo a toda
acción diplomática o militar del Kremlin, es decir, de la
política de Stalin. No, mi querido Schatman, eso no corresponde
"a los acontecimientos concretos". Ya en 1927 proclamamos en el Comité
Central: "¿Por la patria socialista? ¡Sí! ¿Por
la carrera de Stalin? ¡No! " (The Stalin School of Falsification.)
Además, parece olvidar usted la llamada "tesis de Clemenceau", que
significaba que, en interés de la auténtica defensa de la
URSS, la vanguardia proletaria podría estar obligada a destruir
el gobierno de Stalin y reemplazarlo por el suyo propio. ¡Todo esto
se dijo en 1927! Cinco años después, explicamos a los trabajadores
que el cambio de gobierno podría llevarse a cabo sólo mediante
la revolución política. Así separamos nuestra defensa
de la URSS como estado obrero de la defensa de la URSS que hacía
la burocracia. ¡A pesar de ello, usted interpreta nuestra política
anterior como apoyo incondicional a las actividades diplomáticas
y militares de Stalin! Permítame decirle que eso es una deformación
horrible de nuestra postura, no sólo desde la creación de
la IV Internacional, sino desde el principio de la oposición de
izquierda.
La defensa incondicional de la URSS
significa, simplemente, que nuestra política no está determinada
por las hazañas, maniobras o crímenes de la burocracia del
Kremlin, sino solamente por nuestra concepción de los intereses
del estado soviético y de la revolución mundial.
Al final de su discurso cita usted
la fórmula de Trotsky de subordinar la defensa de la propiedad nacionalizada
en la URSS a los intereses de la revolución mundial, y prosigue:
"Mi interpretación de nuestra postura en el pasado significaba que
no podía haber contraposición entre ambas... Nunca interpreté
que se debía subordinar la una a la otra. Si entiendo inglés,
el término significa que hay, o puede haber, conflicto entre ambas".
Y de ahí deriva usted la imposibilidad de mantener el slogan de
la defensa incondicional de la URSS.
Este argumento se basa por lo menos
sobre dos malentendidos. ¿Cómo y por qué han de entrar
en conflicto los intereses de la revolución mundial y el mantenimiento
de la propiedad nacionalizada en la URSS? Usted infiere tácitamente
que la política del Kremlin (no la nuestra) puede entrar en conflicto
con los intereses de la revolución mundial. ¡Naturalmente!
¡A cada paso! ¡En todos los aspectos! Por eso nuestra política
de defensa no está condicionada por la política del Kremlin.
Este es el primer malentendido. Pero, pregunta usted, sino hay conflicto,
¿para qué hace falta la subordinación? Aquí
está el segundo malentendido. Debemos subordinar la defensa de la
URSS a la revolución mundial lo mismo que subordinamos una parte
al todo. En 1918, en la polémica con Bujarin, que insistía
en la necesidad de una guerra revolucionaria contra Alemania, Lenin contestó
más o menos: "Si hubiera ahora una revolución en Alemania,
nuestro deber sería ir a la guerra, aun a riesgo de perderla. La
revolución alemana es más importante que nosotros y deberíamos
sacrificar el poder soviético en Rusia (por un tiempo) si fuera
necesario, para ayudar a establecerlo en Alemania." Una huelga en Chicago
puede ser irrazonable en un momento determinado y por sí misma,
pero si los trabajadores de Chicago tienen que apoyar una huelga general
deben subordinar sus intereses a los de su clase y llamar a la huelga.
Si la URSS se ve envuelta en la guerra del lado de Alemania, la revolución
alemana amenazaría los intereses de la defensa de la URSS. ¿Debemos
decirles a los trabajadores alemanes que no la hagan? El Comintern seguramente
se lo diría, pero nosotros no. Les diremos: "Debemos subordinar
los intereses de la defensa de la URSS a los intereses de la revolución
mundial."
Me parece que algunos de sus argumentos
han sido rebatidos por Trotsky en su último artículo "Una
y otra vez sobre la naturaleza de la URSS", escrito antes de que yo recibiera
la transcripción de su discurso.
Tenemos cientos y cientos de nuevos
camaradas que no han pasado por nuestra experiencia común. Me temo
que sus argumentos les hagan creer que alguna vez hemos apoyado al Kremlin,
al menos en el campo internacional, que no habíamos previsto la
posibilidad de cooperación entre Hitler y Stalin, que los acontecimientos
nos han pillado desprevenidos y que debemos cambiar fundamentalmente nuestra
posición.
¡Y eso no es verdad! E, independientemente
de otras cuestiones, discutidas o sólo tocadas en su discurso (dirección,
conservadurismo, régimen del partido y demás), creo que debemos
examinar de nuevo nuestra posición sobre la cuestión rusa,
todo lo cuidadosamente que nos sea posible, en bien de la sección
americana y de la IV Internacional en su conjunto.
El verdadero peligro ahora no es
la defensa "incondicional" de lo que merece ser defendido, sino la ayuda
directa o indirecta a la corriente política que trata de identificar
la URSS con los estados fascistas en beneficio de las democracias, o con
quienes intentan echar todas las tendencias en el mismo saco para comprometer
el bolchevismo o marxismo con el stalinismo. Somos el único partido
que previó los acontecimientos, no concretamente, como es natural,
pero sí su tendencia general. Nuestra ventaja consiste en que no
tenemos que cambiar nuestra orientación, aunque comience la guerra.
Y me parece muy poco adecuado que algunos de nuestros camaradas, movidos
por la lucha de facciones por un "buen régimen" (que, que yo sepa,
no han definido nunca) insistan en gritar: " ¡Nos han cogido desprevenidos!
¡Nuestra orientación se ha vuelto inadecuada! ¡Debemos
improvisar una nueva línea!" Todo esto me parece totalmente incorrecto
y muy peligroso.
Con los mejores saludos del camarada,
LUND (Leon Trotsky)
Saludos a J. P. Cannon.
P.S.-Las formulaciones de esta carta
están lejos de ser perfectas, porque no es un artículo elaborado,
sino simplemente una carta que he dictado a mi colaborador en inglés
y que él ha corregido sobre la marcha. L.